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 Si nos adentramos en el casco histórico de la monumental ciudad de Ronda, y recorremos sus sinuosas y laberínticas calles que delatan un pasado musulmán, al tiempo que contemplamos sus palacios blasonados, morada de repobladores, alternando con la pequeña vivienda dotada de una reja peculiar y un blanco siempre mantenido, fácilmente nos sorprenderá el Palacio de los Marqueses de Moctezuma, hoy Museo Joaquín Peinado. Localizado en las inmediaciones de la Iglesia de Santa María la Mayor, el Palacio de Mondragón y frente a la Casa del Gigante, esta construcción muestra una bella portada blasonada donde se plasma un programa heráldico completo que alude a la identidad de la familia que promueve la construcción del palacio, don Pedro Manuel de Moctezuma y doña María de Rojas. En el dintel, a la izquierda, se encuentran las armas imperiales de los Moctezuma, en el lado opuesto, el escudo de armas de los Rojas y en el centro las iniciales A y M, referidas a “Ave María”, anagrama religioso que alude a la consagración de la morada.

Una construcción que independientemente de sus indudables valores artísticos, aporta un importante valor histórico; es el testimonio de la estancia en la ciudad de los herederos del último emperador azteca, ya que la familia Moctezuma de Ronda constituye la rama principal y es la única heredera por línea de varón del último Emperador azteca libre, Moctezuma II (1502-1520). Carlos V le otorgaría sus propias armas en cédula de 15 de octubre de 1539, que son las labradas, en su versión integra, en la portada del Palacio de los sucesores en Ronda: las treinta coronas referidas a los treinta estados que componían el imperio mejicano, el águila, el ocelote, los grifos y la corona imperial.

El interior del inmueble sigue el mismo esquema de la típica vivienda popular rondeña de los siglos XIX y XX, y organiza sus estancias en torno a dos patios. El primero de ellos, con galería porticada adintelada sobre dos columnas de fuste liso en sólo uno de sus perfiles, se sitúa a modo de antesala de los restantes espacios interiores. El segundo se halla porticado –sólo en su mitad norte– a través de galería adintelada con columnas sobre alto plinto, mientras que la portada de la capilla, levantada en el año 1902, sirve de cerramiento para el otro extremo de este bello espacio ajardinado.

De las diferentes habitaciones distribuidas en dos plantas, destinadas hoy a zona de exposición de la obra pictórica de Joaquín Peinado, destacamos el Salón Mudéjar, que debe su nombre precisamente al bello artesonado que cubre esta estancia.La catalogamos dentro de las armaduras rectangulares de clara estética mudéjar-renacentista de proporcionalidad y simetría. Los remates de perfil en S de los canecillos y zapatas de la armadura, las aspas, crucetas y estrellas de ocho puntas con rosetas a modo de soles, típicamente mudéjares, las grandes similitudes con las cercanas armaduras de esa misma centuria y el conocimiento de que el palacio existía desde los tiempos de la reconquista nos hace pensar que estamos ante una armadura del siglo XVI.