Distancia: 6,1 km 

Dificultad: Baja 

Recorrido: Circular 

Modalidad: A pie o en bicicleta de montaña

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Comenzamos este recorrido en el barrio de San Francisco, en la parte más alta de la calle San Francisco, justo donde hallamos la entrada al patio del antiguo convento de San Francisco –edificado en el lugar donde los Reyes Católicos asentaron su campamento durante el asedio a la ciudad en el año 1485, y del que hay que destacar la monumental portada de estilo gótico isabelino–. Subimos por la calle y vemos en el lateral del convento, hoy día reconvertido en el colegio Fernando de los Ríos, el patio del centro docente. Atrás van quedando las últimas edificaciones y nos encaminarnos, con mucha precaución ante la circulación de vehículos, a los campos colindantes a la ciudad de Ronda. Pronto debemos cruzar el puente que evita la carretera de circunvalación, ahora debemos estar atentos y virar a la derecha por la pista asfaltada que sale a nuestra derecha. Avanzamos unos metros hasta situarnos junto a la entrada de la finca Portal de Romero, de aquí parte a la izquierda una pista terriza que debemos seguir.

Afrontamos un suave descenso que nos permite vislumbrar hacia el este las Sierras Hidalga y de la Nieve, esta última tapizada por los oscuros bosques de pinsapos, un abeto endémico de nuestras montañas. Por el sur recortan el horizonte el macizo de Jarastepar y la cuadriculada cancha Armola, ambas separan la meseta de Ronda del fragoso Valle del Genal.

El camino vuelve a llanear, en ese momento obviamos una pista hormigonada a la derecha. Escasos metros después el carril afluye a una amplia plataforma donde se alza un poste eléctrico, a un lado queda la entrada a una finca privada y junto al vallado se inicia el sendero que hay que tomar. Los márgenes de la trocha se adornan de numerosas plantas y arbustos, como madreselvas, olivillas, coscojas, retamas, zumaques y quejigos. Llega un momento en que la trocha se convierte en un estrecho carril y finaliza afluyendo a uno de mayor entidad: el camino del Pilar de Cartajima, que ya conocemos del inicio del recorrido. Este hito es importante, pues el regreso lo haremos por esta vía.

Giramos a la derecha, caminando placidamente entre numerosas parcelas y casas de campo, unas con olivos, algunas con pinares y otras con pequeñas huertas. Descendemos durante un corto trecho, y antes de ganar altura desechamos un carril a la izquierda. A poca distancia encontramos el Pilar de Cartajima, lugar de parada y descanso para los arrieros y caminantes que se dirigían o venían de los campos y pueblos cercanos a la ciudad del Tajo. La fuente siempre mana agua, muy apreciada por las gentes de Ronda, que suelen acudir a repostar sus garrafas; el pilar adyacente, de grandes dimensiones, siempre está cubierto del líquido elemento, lo que permite abrevar a las acémilas y al ganado. Este lugar marca el punto final de la ruta, pero si aún tenemos ganas de caminar un rato, os propongo alargar el recorrido hasta el arroyo de las Culebras.

Desde aquí, el camino se abre en dos, el de la izquierda cruza por un puentecillo el arroyo de las Culebras y el de la derecha discurre paralelo al cauce, atravesando la finca Los Castaños. Continuamos por el carril derecho acompañados de la vegetación riparia del arroyo y del trinar de los numerosos pajarillos que encuentran refugio en estas espesuras. Algo más adelante no debemos tomar una pista hormigonada a la derecha, por tanto avanzamos hasta introducirnos en un zona con un muro de piedras a un lado y un vallado de madera al otro, casi a continuación dejamos otra de las entradas a la finca Los Castaños y retomamos un sendero que deja en el margen una pequeña poza del arroyo que invita a darse un baño, aunque durante los meses del verano avanzado, es posible que este seca.

Esta vereda vecinal da acceso a varias fincas y se adentra en los parajes mejor conservados del entorno, donde proliferan las encinas y los vetustos quejigos, además, el rumor del arroyo de las Culebras pone una fresca nota de color acompasado por el mecido de las ramas de los sauces, adelfas y cornicabras que jalonan el camino.

Al llegar al punto donde se inicia un vallado, estaremos atentos para observar tras el mismo, los restos del acueducto de la Fuente de la Arena –construcción de origen romano que abastecía de agua a la ciudad romana de Arunda (Ronda)– del cual son perceptibles varios arcos de medio punto.

El regreso lo afrontamos por el camino de ida hasta llegar al cruce, ya señalado anteriormente, ahora sin ningún problema de orientación, tan sólo nos queda recorrer la pista asfaltada, entre casas y fincas de labor, hasta llegar al punto inicial del recorrido.