Ronda… tierra de vinos

 

Un día caluroso cualquiera de finales de Agosto, en las cercanías del poblado prehistórico de Acinipo, madre e hijo recolectan en el Arroyo de Setenil unos racimos de uvas silvestres y bien maduras. Los introduce en un cesto de mimbre y marchan de nuevo al poblado, entre un bosque de encinas, quejigos y alcornoques. Una vez en su vivienda circular con cubierta vegetal, quizás por olvido y con la providencia del azar, la alta temperatura y maduración del fruto, genera, en cuestión de horas, una fermentación, resultando un liquido extraño, mejor dicho un zumo, excitante y delicioso...

 

Comienza pues la historia de los vinos de Ronda. Son varias las referencias arqueológicas y documentales que aseveran la larga tradición de Ronda como tierra de vides y vinos. Desde las primeras vinculadas a la numismática de la ciudad ibero romana de Acinipo (47-44 a.C), en el que se constata el tópico del racimo de uva, lo que sin duda demuestra la importancia de la vid en la base económica de estas comunidades.

Pero no todo estaba escrito y los últimos años del siglo XX, marcan un punto de inflexión, gracias al esfuerzo de nuevos viticultores locales y foráneos que han apostado decididamente por este territorio. Los vinos de la Serranía de Ronda (Denominación de Origen Vinos de Málaga) son el complemento ideal para la gastronomía local y para otras regiones gastronómicas. Las más de 15 bodegas existentes elaboran extraordinarios tintos, rosados y blancos estando disponibles en las cartas de la mayoría de los restaurantes.

Sin duda, es la cultura clásica griega y romana la que revaloriza el mundo del vino. Desde la obra de Homero titulada “La Odisea “, en la que describe los vinos griegos o el propio Platón, que escribió sobre los gratificantes efectos del vino, pasando por el romano Horacio, en el que el vino es recurrente en su obra poética o hasta los verdaderos tratados de agricultura del mundo romano, el vino es una constante en la cultura mediterránea antigua. En este sentido, Plinio El Viejo, en su Historia Natural dedica a la viticultura y el vino su libro XIV o el gaditano Lucio Junio Moderato Columela, agrimensor del cambio de era, dedica en su tratado de agricultura, cuatro libros (IV, V, XII y sumario del libro de los árboles), para hablar sobre variedades de la vid, el cultivo de la viña, los trabajos en el viñedo, la vendimia y los cuidados del vino, entre otros aspectos.

Este saber hacer lo recoge con posterioridad la Iglesia, quien contribuyó al desarrollo de la viticultura, no sólo a través de la conservación y la transmisión de métodos de cultivo, heredados de la antigüedad romana, sino también aumentando su prestigio al colocar a la vid en la cúspide de la jerarquía de los símbolos. No podemos olvidar que Jesús dijo: “Yo soy la vid” y la archiconocida sentencia de la última cena: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre...”. En nuestro caso y refiriéndonos al papel de la iglesia en el ámbito del vino, existe constancia, en la Ermita Rupestre Mozárabe de la Virgen de la Cabeza (VIII-X d.c), de un pequeño lagar para la elaboración de vino.

Pero quizás más desconocida y a la vez interesante, sea la alabanza al vino por el mundo árabe. Curiosamente dios Baco y el vino fueron los temas principales de la poesía árabe clásica, que llevó hasta su máximo esplendor una corriente poética iniciada en la Arabia preislámica. En este periodo el vino es objeto y símbolo de vida y amor. Dicha poesía supuso un serio desafío a la incipiente religión islámica. “ Si muero enterradme con vino para que sus raíces puedan calmar la sed de mis huesos” imploraba el poeta Abu Mihjan Al-Thagafi. En este sentido, también elcalifa Al- Walid Ibn Yazid exclama desafiando “Dadme vino, pues bien se que el infierno no existe”. También destacar al poeta árabe Abu Nunas, autor de un libro de poemas sobre el vino titulado Khamriyyat.

Del mismo modo, en el siglo XIII el almeriense Ibn Luyun, en su tratado de agricultura dedica varios capítulos a la cava y limpieza de las viñas, al acodo de las vides, la poda, los injertos y el modo de prensar las uvas.

Pero, si existe una referencia clara sobre la importancia de la vid y del vino en nuestro territorio, esta es la que nos proporciona las Ordenanzas Municipales de la Ciudad de Ronda y su jurisdicción, mandadas pregonar por orden del Rey D. Felipe en la Plaza de Viva Rambla de la Ciudad de Granada en el año 1.568. En el titulo XVII de las citadas ordenanzas, el Cabildo declara que:  “ sean pago de viñas y olivares para que se les eche cotos todas las heredades que haya en el Prado Viejo, el Real, Sijuela, Brosquelin, las viñas que están bajo la heredad del Licenciado Escalante, Puerto de las Muelas, Viñas del Mercadillo, hasta las que están cerca del Cortijo de Pedro Caballero, la de los Morales, Fuente de la Zarza, Camino de Arriate, las de la Casa de Zamora, las del Carril y de las Lombardas, Cerro del Águila, Camino de Málaga, hasta volver al Mercadillo...”, demostrándose, una vez más, la importancia del viñedo en la base económica de la ciudad de Ronda y su territorio circundante.

Así mismo, se ordena y manda que: “ninguna persona entre en heredad ajena a coger uva, ni rama, ni zepa, ni rodrigones, ni sarmiento, ni sacar planta sin licencia del dueño de la heredad”.

Del mismo modo, se regulan los jornales de los cortadores de uva, acarreadores y pisadores (Titulo XXXII), así como la prohibición de meter en la ciudad vino de fuera del término y jurisdicción de Ronda (Titulo XXVIII), salvo cuando existiera falta de vino en la ciudad, caso este en el que el Cabildo de la ciudad podrá dar licencia para que entre vino de fuera de su jurisdicción. Sin duda una actitud proteccionista desde la administración pública para con los vinos de Ronda que confirma la importancia económica del vino.

Así mismo, se rompe con el tópico de la exclusividad del vino blanco en la zona, cuando las ordenanzas regulan que:”ningún tabernero o bodegonero pueda tener dos vinos en su taberna vendiendo que sean ambos blancos o ambos tintos, pero permitimos que pueda vender un vino blanco y otro tinto en su taberna, so pena que el que vendiere dos vinos ambos blancos o ambos tintos pague 300 maravedíes”.

Dicha proyección de la vid también se documenta en el XVIII y principios del siglo XIX, sobre todo en el área del Barrio de San Francisco. Será a fines del siglo XIX cuando la filoxera (Dactylosphera Vitifoliae), enfermedad provocada por un insecto, ataque las raíces de la vid y de nuestra memoria, provocando la muerte de nuestros viñedos y consigo la desaparición de un saber hacer tradicional y de una cultura vitivinícola. 

Pero todo no estaba escrito, el siglo XXI, marca un punto de inflexión, gracias a nuevos vitivinicultores locales y foráneos, que han apostado decididamente por este territorio. Comenzamos a recuperar la memoria, recordándonos y demostrándonos con su buen hacer, que Ronda es tierra de vinos. El vino en esta comarca tiene una larga historia y cada una de las botellas de vino de Ronda, con clave de paciencia, puede tener la suya, ayudándonos a escribir la historia contemporánea de los vinos de Ronda con letras de oro.

 

Libro: 

Turismo asociado al vino en la Serranía de Ronda.

Caracterización de la Oferta y la Demanda

Bartolomé Nieto

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